Madrugada del martes de carnaval
Representar la soledad de la noche, la intensa lluvia, los fogonazos de los relámpagos, la imagen de la granizada, solo con palabras no resulta sencillo. Pero no hay fotos. Nadie cogerá una cámara a las cinco o a las seis de la mañana para retratar la tempestad, fotografiar el fantasma del viento o recoger la impresión del rayo que cae en la lejanía.
Madrugada del martes de carnaval, sin máscaras, sin música, sin carnaval; con el cielo disfrazado de tormenta, de Eolo, de Júpiter; con los sueños recien construidos deshaciéndose entre nubes oscuras de chaparrón. Te vuelves del otro lado, aun comprobando que el último fogonazo hizo saltar la palanca de la electricidad doméstica. Mañana será otro día. La granizada repiquetea en los cristales de la ventana; te apretas más sobre tí mismo. Que llueva, que llueva la virgen de la cueva.
Madrugada del martes de carnaval, sin máscaras, sin música, sin carnaval; con el cielo disfrazado de tormenta, de Eolo, de Júpiter; con los sueños recien construidos deshaciéndose entre nubes oscuras de chaparrón. Te vuelves del otro lado, aun comprobando que el último fogonazo hizo saltar la palanca de la electricidad doméstica. Mañana será otro día. La granizada repiquetea en los cristales de la ventana; te apretas más sobre tí mismo. Que llueva, que llueva la virgen de la cueva.

1 Comments:
Bonita recreación, me encata eso de "el cielo disfrazado de tormenta".
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