martes, abril 11, 2006

Fin de milenio

Una calle muy singular, la de San Agustín, o la Calle Real o quizás la del Espíritu Santo. Calle importante en cuanto a patrimonio singularísimo de esta ciudad cinco veces centenaria. La foto recoge desde la casa anterior al Obispado, antes de la horrorosa reforma de piedra artificial de los años cincuenta del siglo pasado, para convertirla en Escuela de Aparejadores. La acera está tal cual la heredaron nuestros abuelos de períodos anteriores y la legaron a nuestros padres, la transformamos nosotros y la damos en herencia a nuestros nietos. Así la pudo ver Sabino Berthelot, Elizabeth Murray, Adolf Coquet y todos aquellos ciudadanos que la visitaron antes de don Miguel de Unamuno, y la describieron y la dieron a la posteridad. Ese es el patrimonio histórico que ahora renovamos.
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